El pez limón se instala en el Golfo Nuevo: científicos detectaron que ya se reproduce en la zona

El pez limón dejó de ser una presencia excepcional en el Golfo Nuevo y comenzó a convertirse en una especie cada vez más habitual. El fenómeno despertó el interés de investigadores del CESIMAR-CONICET-CENPAT, que comenzaron a reunir información para entender qué está ocurriendo y, fundamentalmente, qué implicancias puede tener para el ecosistema y para la actividad pesquera.

Alejo Irigoyen, biólogo marino e investigador, explicó que los primeros registros de la especie en la zona se remontan a décadas atrás, aunque eran casos muy aislados.

De apariciones ocasionales a una presencia durante gran parte del año

“Históricamente aparecía en enero algún otro pez limón, pero era capturado no por artesanales, sino por pescadores submarinos”, explicó Irigoyen.

El primer registro identificado por los investigadores corresponde a Oscar Güell, en 1995. Durante años, esos ejemplares aparecían solamente en enero y eran muy pocos los pescadores submarinos que lograban capturarlos.

Sin embargo, esa situación comenzó a cambiar progresivamente. A partir de fines de la década del 2000, los investigadores empezaron a observar una mayor presencia de pez limón durante más meses del año y, además, ejemplares de diferentes tamaños.

El cambio tuvo un punto importante en 2022, cuando pescadores artesanales lograron una primera captura significativa mediante una redada.

Una especie de alto valor gastronómico

Mientras la especie comenzaba a ganar presencia en el Golfo Nuevo, el pez limón también adquiría una enorme relevancia en el mundo gastronómico.

Irigoyen explicó que se trata de una especie muy buscada por la alta gastronomía y considerada una de las carnes más valoradas para el sushi, junto con especies como el atún y el salmón.

Su carne, explicó, es más blanquecina que la del atún y posee una grasa muy fina y delicada. “Te hacés un vuelta y vuelta, un pedacito de pez limón en la parrilla, y queda como un churrasco. Es impresionante”, describió.

El investigador también puso como ejemplo su valor comercial: recientemente recibió de un amigo una imagen de un supermercado de Buenos Aires donde se ofrecían pequeños cortes de pez limón a unos 40 mil pesos el kilo.

Ese valor, sumado a la escasez histórica de la especie, explica también por qué existe un fuerte interés internacional en su cultivo. Países como México, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y Japón han desarrollado investigaciones y esfuerzos vinculados a la producción de esta especie.

El calentamiento del océano, una de las claves

Pero la pregunta central es por qué una especie asociada principalmente a aguas más cálidas comenzó a aparecer cada vez con mayor frecuencia en el sur.

Para Irigoyen, la explicación está vinculada directamente con los cambios que está experimentando el océano.

“La hipótesis tiene que ver con el calentamiento global. Hay cambios en el océano, la temperatura del agua está cada vez más alta, entonces especies que están hacia el norte empiezan a encontrar hábitat adecuado, empiezan a encontrar lugares adecuados para su desarrollo cada vez más al sur”, explicó.

Los estudios realizados permitieron determinar que actualmente el pez limón está presente prácticamente durante todo el año en la zona, principalmente desde septiembre y octubre hasta fines del otoño.

Pero el dato más significativo es que ya no se observan solamente ejemplares adultos.

Hay ejemplares jóvenes y evidencia de reproducción

“Hay de todas las tallas. Ya no solo hay grandes, sino individuos de dos, tres años de edad e individuos que pueden tener más de 10, 15 o 20 años acá en el Golfo”, detalló el investigador.

Además, junto con una colega que estudió específicamente la reproducción de la especie, pudieron determinar que el pez limón se está reproduciendo en estas latitudes.

“Pudimos determinar que se está reproduciendo en estas latitudes. No sabemos si exactamente en el Golfo, porque tuvimos pocas muestras dentro de todo”, aclaró Irigoyen.

Para obtener esa información, los investigadores debieron realizar muestreos muchas veces de manera prácticamente artesanal, incluso afrontando gastos con recursos propios.

“Te llaman un domingo, un pescador capturó uno y vos salís el domingo en tu auto, con tus cosas. Vas, lo medís, lo pesás, lo registrás, te llevás la muestra y la enviás a analizar a Mar del Plata”, relató.

El próximo desafío: saber si existe un stock propio

La investigación ahora apunta a responder una pregunta fundamental para el futuro manejo de la especie: si los ejemplares que aparecen en el Golfo Nuevo pertenecen al mismo stock que los que históricamente se encuentran en Mar del Plata o si puede hablarse de una población propia de estas aguas.

“Queremos determinar si los que están acá, que vemos acá y posiblemente nazcan por acá, siguen emparentados o siguen en movimiento con los de Mar del Plata o podemos considerarlo como un stock”, explicó Irigoyen.

También resta determinar con precisión cuál es el momento de reproducción en la zona. Ese dato sería fundamental para establecer eventuales períodos de protección.

Hacia un manejo sustentable

La creciente presencia del pez limón también abre un debate sobre cómo debería manejarse el recurso.

Para Irigoyen, la aparición de una especie de alto valor comercial requiere generar información científica antes de avanzar hacia una explotación a gran escala.

“Se podrían hacer muchas cuestiones precautorias y, sobre todo, no pasar de la pesca artesanal”, planteó.

La idea es determinar tallas, épocas de pesca, períodos de reproducción y volúmenes que podrían extraerse sin comprometer la población.

El objetivo es evitar que una especie que recién comienza a instalarse en la región termine atravesando una situación similar a la que sufrieron otros recursos pesqueros.

¿Puede alterar el equilibrio del ecosistema?

Otro interrogante es qué impacto puede tener la llegada de una nueva especie sobre la cadena alimentaria del Golfo Nuevo.

El pez limón es un gran predador pelágico que se alimenta principalmente de peces pequeños, entre ellos pejerreyes y cornalitos.

Sin embargo, Irigoyen consideró que, por la abundancia actual de pez limón en comparación con otros grandes consumidores del ecosistema, como pingüinos y lobos marinos, no parece representar por ahora una amenaza capaz de romper el equilibrio trófico.

Incluso señaló que en algunos sectores donde los pescadores artesanales capturan cornalitos y pejerreyes con redes de cerco también aparecen ejemplares de pez limón, aparentemente atraídos por la disponibilidad de alimento.

Un límite que por ahora parece estar marcado en el Golfo Nuevo

Los investigadores también pudieron establecer hasta dónde llega actualmente la presencia de la especie hacia el sur.

“Tenemos una base de datos inmensa de muestreos nuestros que hacemos con cámaras y demás. El límite está cortado a tijera acá en la boca del Golfo Nuevo”, explicó Irigoyen.

Se registraron ejemplares en distintos sectores del Golfo Nuevo y también hacia ambos lados de su boca, pero por el momento no existen registros más al sur.

El investigador puso como ejemplo el caso del besugo, una especie que hace 10 o 15 años comenzó a aparecer tímidamente en el Golfo y que actualmente permanece durante todo el año, convirtiéndose en una especie residente.

Para Irigoyen, estos cambios son una evidencia concreta de las transformaciones que está atravesando el ambiente marino.

“Hay gente que sigue discutiendo si la Tierra es plana, si el cambio climático existe o no. La verdad que la evidencia que vemos de la biología es tremenda”, concluyó.