Primer censo de ballenas en Península Valdés: contabilizaron 1.375 ejemplares y 409 crías

El primer censo aéreo de ballenas de la temporada en Península Valdés se realizó finalmente este domingo, luego de varios días en los que las condiciones meteorológicas no permitían llevar adelante el relevamiento. En total fueron contabilizados 1.375 ejemplares de ballena franca austral, de los cuales 409 fueron crías.

El relevamiento permitió recorrer prácticamente toda la costa comprendida entre el río Chubut y Puerto Lobos, incluyendo los golfos de Península Valdés, con el objetivo de conocer la cantidad de animales presentes en las cercanías de la costa y analizar su distribución.

El censo fue realizado desde una aeronave del Aeroclub, plataforma utilizada habitualmente para este tipo de trabajos. La disponibilidad del avión se había visto afectada por tareas de mantenimiento, por lo que el primer vuelo de esta temporada debió postergarse hasta encontrar una ventana adecuada.

Un número esperado para esta época del año

Los 1.375 ejemplares registrados se encuentran dentro de los valores considerados razonables para esta etapa de la temporada. La comparación con el año pasado puede generar una diferencia importante, ya que en 2025 se habían contabilizado 2.110 ballenas y 816 crías, pero los investigadores consideran que aquella cifra fue particularmente elevada.

En ese sentido, remarcaron que no necesariamente se trata de una disminución de la población, sino de una comparación con una temporada que tuvo características atípicas.

Además, el relevamiento de este año se realizó algunas semanas más tarde que el anterior. En 2025 el vuelo había podido concretarse a mediados de agosto, mientras que en esta oportunidad las condiciones climáticas y la disponibilidad de la aeronave obligaron a esperar.

El Doradillo y Punta Pirámides concentran la mayor cantidad

Uno de los principales datos obtenidos durante el relevamiento fue la concentración de animales en el sector norte del Golfo Nuevo, especialmente entre El Doradillo y Punta Pirámides.

También se registró una importante presencia de ballenas en el Golfo San José, particularmente en sectores donde habitualmente se concentra una gran cantidad de ejemplares.

Sin embargo, hubo un dato que llamó especialmente la atención de los investigadores: la presencia de ballenas en la cara externa de Península Valdés, entre el norte de La Caleta y Punta Norte.

Si bien no se trató de cientos de ejemplares, la aparición de animales en esa zona resultó llamativa porque históricamente la cantidad de ballenas observadas allí suele ser mucho menor.

¿Por qué las ballenas prefieren El Doradillo?

La distribución de las ballenas no es casual. Según los estudios realizados durante las últimas décadas, existen características ambientales que ayudan a explicar por qué determinados sectores de la península concentran una mayor cantidad de animales.

En los años 80, las ballenas eran observadas principalmente en sectores externos de Península Valdés. Sin embargo, durante esa década y comienzos de los 90 comenzó a registrarse un desplazamiento progresivo hacia los golfos.

Uno de los factores que explicaría esta preferencia está relacionado con la energía de las olas.

Los estudios realizados por investigadores especializados indican que las madres con crías tienden a elegir sectores donde la energía del oleaje es menor. El Doradillo y otros sectores del norte presentan justamente esas características, por lo que se convierten en áreas apropiadas para que las hembras den a luz y permanezcan junto a sus crías durante las primeras semanas de vida.

En cambio, la zona sur del Golfo Nuevo presenta una mayor energía de olas, especialmente cuando hay viento, lo que podría explicar por qué históricamente registra una menor concentración de ejemplares.

Cada vez se observa más alimentación dentro del Golfo

Otro fenómeno que despertó el interés de los investigadores es que, hacia el final de la temporada, cada vez resulta más frecuente observar ballenas alimentándose dentro de la zona.

Hace 20 o 25 años, los registros de este comportamiento eran esporádicos. Actualmente, en cambio, se observan con mayor frecuencia ejemplares que aprovechan los recursos disponibles antes de iniciar su migración.

Esto no significa que Península Valdés se haya convertido en una zona que pueda reemplazar las áreas tradicionales de alimentación de la especie. Los investigadores lo describen más bien como una especie de “snack” previo a la migración.

Los principales organismos identificados como alimento son los copépodos, pequeños crustáceos que forman parte del plancton y se encuentran en la columna de agua.

Más ballenas y más observación permiten detectar nuevos comportamientos

El aumento de estos registros también puede estar relacionado con la cantidad de ballenas que actualmente llegan a la zona.

Los investigadores llevan alrededor de 26 años realizando estos censos aéreos y han observado un crecimiento sostenido en la cantidad de ejemplares presentes en Península Valdés.

A esto se suma que actualmente existe una mayor cantidad de personas navegando, investigadores realizando observaciones y drones registrando imágenes. Todo esto aumenta considerablemente las posibilidades de detectar comportamientos que anteriormente podían pasar inadvertidos.

Por eso, no necesariamente significa que las ballenas hayan comenzado recientemente a alimentarse en la zona. Es posible que algunos de estos comportamientos ya ocurrieran, pero fueran mucho más difíciles de observar cuando había menos ejemplares y menor cantidad de observadores.

Los datos sirven para estudiar el comportamiento de la especie

La información obtenida durante los censos no queda solamente en el número de animales contabilizados.

Los investigadores utilizan los datos para conocer cómo crece la población, cómo cambia su estructura y cuáles son los factores ambientales que determinan la distribución de los ejemplares.

A partir de modelos estadísticos y matemáticos se pueden analizar los movimientos de las ballenas, la composición de los grupos y las preferencias de determinados individuos, especialmente de las madres acompañadas por sus crías.

Además, los resultados son comunicados a la comunidad y a los distintos sectores vinculados con la actividad turística y marítima de la región.

La importancia de mantener restricciones a la navegación

La concentración de ballenas en determinados sectores también refuerza la necesidad de mantener las restricciones de navegación durante la temporada.

Según explicaron los investigadores, estas medidas no tienen solamente como objetivo proteger a los animales, sino también garantizar la seguridad de las personas y las embarcaciones.

Las ballenas son animales de gran tamaño y una aproximación inadecuada puede generar riesgos tanto para ellas como para quienes navegan.

La normativa prohíbe acercarse, nadar o perseguir a las ballenas. En el caso de quienes realizan actividades recreativas como kayak o stand up paddle, la recomendación es mantener una distancia prudencial si un ejemplar se aproxima por iniciativa propia.

La situación es diferente cuando una persona decide buscar deliberadamente el contacto con el animal. En ese caso, además de incumplir las normas, se genera un riesgo innecesario para quien realiza la actividad.

Prevén un nuevo censo hacia fines de octubre

Si las condiciones meteorológicas y económicas lo permiten, los investigadores tienen previsto realizar un nuevo relevamiento aéreo hacia fines de octubre.

La intención es poder completar varios vuelos durante el año para obtener una fotografía más precisa de la evolución de la temporada.

El esquema ideal contempla tres censos anuales: uno al comienzo de la temporada, otro durante el período de máxima presencia de ballenas y un tercero hacia el final.

El financiamiento de estos vuelos cuenta con el aporte de las empresas de avistaje de Puerto Pirámides, que colaboran para que puedan llevarse adelante los relevamientos.

De esta manera, el primer censo de la temporada deja como principal dato la presencia de 1.375 ballenas, entre ellas 409 crías, una cifra considerada normal para esta época y que permitirá seguir estudiando la evolución de una de las poblaciones de ballena franca austral más importantes del mundo.